Espíritu y Carisma de la Orden

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         La Regla albertina  invita a los carmelitas a vivir continuamente en obsequio de Jesucristo; lo que lleva consigo en la mentalidad deVirgen del Carmen aquel tiempo, el reconocimiento de Cristo como Señor y Soberano, con el deber de dedicarle la propia existencia en fidelidad y servicio, a semejanza del vasallo con respecto a su señor. El seguimiento de cristo, fundamento de toda vocación cristiana enraíza a los carmelitas en la koinonía fraterna, en la búsqueda del rostro de Dios y en la solidaridad con el pueblo.
        
         La Regla, en efecto, llama a los religiosos a meditar día y noche en la ley del Señor, en la celda o junto a ella; a vivir en comunión los unos con los otros a semejanza de la primitiva comunidad de Jerusalén; a practicar asiduamente la oración, especialmente con la recitación de los salmos y de la liturgia de las horas; a celebrar diariamente en fraternidad la Eucaristía en el oratorio situado en medio de las celdas; a practicar la corrección fraterna; a la austeridad de vida, fundada en la fe, la esperanza y la caridad mediante el trabajo y las mortificaciones; a conformar la propia voluntad con la de Dios, buscada en la fe en unión con el superior, quien debe cumplir la propia misión en actitud de servicio a los hermanos.
        
         Los fundamentos vivos que expresan y plasman los valores de la fraternidad son la Palabra y la Eucaristía.
         -En la palabra escuchada orada y vivida, en el silencio, en la soledad y en comunidad, las carmelitas son conducidas día a día a ?ser arraigadas aún más y mejor más íntimamente en la Humanidad de Cristo?.
         - En la Eucaristía, están llamadas a ser ?pequeño colegio de Cristo?, porque ?la religión es el lugar sagrado que simboliza el colegio apostólico?, en el servicio mutuo, en la fidelidad al proyecto común y en la reconciliación animada por la caridad de Cristo.
        

ELEMENTOS BÁSICOS DE LA ESPIRITUALIDAD CARMELITA
        
         Los elementos básicos de la espiritualidad de la Orden son la contemplación, el carácter mariano, en la familiaridad de vida con María, de la que el título de Hermanos y la primera iglesia de la Orden dedicada a Ella son signos elocuentes, y la inspiración eliana, que los carmelitas han cultivado desde el principio, al vivir en el Carmelo lugar de las gestas del gran profeta.

         En la Virgen Santísima, Madre de  Dios y de la Iglesia, por su pureza íntegra y la prontitud de ánimo con que se abrió a la fecundidad de la Palabra de Dios, el Carmelo encuentra la imagen perfecta de lo que anhela y espera ser. Por eso, María ha sido siempre considerada Patrona de la Orden, Madre y Decoro del Carmelo y fuente de inspiración en la fe, la esperanza y la caridad.

         Signo de la dedicación a Ella y compendio de los beneficios de Ella recibidos es el Escapulario, que evoca muy significativamente toda la tradición mariana del Carmelo.

         Elías es el profeta que cultiva la sed del único Dios vivo y verdadero y que después de un camino largo y fatigoso, aprende a leer de nuevo los signos de la presencia de Yavé. Es el contemplativo arrebatado de la pasión por el absoluto de Dios, y cuya ?palabra ardía como una antorcha?. Impulsado por esta experiencia suya, se encuentra comprometido en la vida del pueblo, conduciéndolo de nuevo a la fidelidad al único Dios y solidarizándose con los pobres y los marginados. De él ha heredado el Carmelo la pasión por el Señor y el deseo de interiorizar su Palabra en el corazón para dar testimonio de su presencia en el mundo, aceptando que Él sea realmente Dios en su vida. (Constituciones: Cap. V)

 

IDEAL DE LA MONJA CARMELITA

         El compromiso de vivir en obsequio de Jesucristo, don carismático de la Orden, encuentra en las monjas una forma propia de expresar en la Iglesia el ideal contemplativo con que nació y en el que vive el Carmelo.
        
         Sintiéndose parte viva en el corazón de la Iglesia y del mundo, las monjas aportan su experiencia claustral, acogiendo con gozo y generosidad a cuantos se acercan a ellas, y promoviendo en la Iglesia local la oración litúrgica, la escucha orante de la Palabra y la profundización de los valores del espíritu, en fidelidad a su género de vida y a las normas de la clausura.
        
         La monja carmelita, fiel a la rica tradición de la Orden, presta un servicio inestimable al pueblo de Dios, en el ardor de la oración y del celo apostólico. A semejanza de Elías, inspirador del Carmelo, asume la línea profética como característica propia de su vida, orientada a dar un testimonio especial del Dios vivo y de las exigencias supremas de su reino. En íntima unión con María, ?libro en el cual está escrita nuestra Regla, porque en Ella está escrito el Verbo?, se propone vivir el misterio de su vida interior y de la unión intrínseca con Dios, en Cristo Jesús.
        
         Así, cada monasterio viene a ser como un cenáculo donde, en compañía de María, la Madre de Jesús, las monjas imploran por la plegaria la acción del Espíritu Santo en el Pentecostés permanente de la Iglesia.

  (Constituciones: Cap. VI)